Carolina, la que no es fuerte

23 noviembre, 2015

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Me parece algo forzoso el hecho de tratar de buscar la forma indicada para iniciar esta primer entrada. Si se tratase de otra situación y de otro horario, tal vez eso hubiese sido de importancia para mí. Pero no lo es. Al menos no ahora.
¿Quién soy yo? ¿Por qué el desinterés? No dejan de ser cuestiones triviales, que puede -o no- que conteste a lo largo de esta entrada. Simplemente no lo sé.
De algún modo extrañaba tener esta clase de libertad al escribir. Sí, efectivamente lo extrañaba. Es una sensación rara; uno escribe lo que no puede decir en la vida cotidiana -por vergüenza, desanimo o temor- e internet es el pretexto de que "ahí está, yo no me callé nada". Pero en fin, la cuestión es que necesito desahogarme, quizás no mucho o tal vez demasiado. Y por si no se notó hasta ahora: desvarío bastante.

Entre las situaciones que en mi cotidianidad acontecen, una de las que más aflora -muy a mi pesar- es mi necesidad constante de escapar de las cosas. Y es que soy experta en el arte de huir y hallar salidas; pero ojo, no lo hago mintiendo. Tengo la capacidad de encontrar -y hago hincapié en ese último verbo- excusas con mucha facilidad. ¿Excusas para qué? Para absolutamente todo. Ya sean situaciones buenas o malas, ahí están mis pretextos al ataque; me superan, en verdad.
A lo que voy con este punto, es que siempre de alguna forma u otra termino -debido a este instinto furtivo- sin hacer nada: ya sean las cosas que necesito y me hacen feliz, o los errores que debería cometer para aprender una determinada lección. Mientras pasa el tiempo más lo noto: desempeñé una coraza anti-fallos a la cual siempre estuve sometida; si bien sé que necesito errar para aprender, no puedo permitirme hacerlo, y me destruye mucho cuando pasa.
Mi determinación para evitar los errores se basa en mis más grandes miedos: salir herida o lastimar a la gente que quiero, ser desvalorizada o que no me comprendan, y a perder a la gente que me importa. Y si bien me empeño tanto en no errar para no salir lastimada, pienso...

¿Por qué estoy tan rota?

Quisiera saberlo. Tal vez la pregunta sea ¿quién me dejó así de incompleta? O mejor, ¿por qué dejé que eso sucediera?
Supongo que todo sistema de defensas tiene sus puntos débiles. Algunas personas encontraron los míos. Tal vez en alguna otra entrada me centre en alguna de ellas, pero sé bien -y lo voy a destacar, ante todo- que la principal responsable de provocar que mis debilidades reluzcan tanto, fui yo misma. ¿Cómo? Sirviendo mis miedos y ocultando mis fortalezas, consciente o inconscientemente siempre tuve la filosofía de que aun sabiendo cómo destruirme, jamás sabrán lo que me mantiene en pie. Y esa -en este caso- es mi excusa, bajo esos términos anticipo los golpes que nadie me da. 

¿A qué viene el nombre de la entrada? Eso es fácil, ahí va una anécdota corta, y la analogía que deriva respecto a ella:
Siempre de pequeña me interesó saber el significado de las cosas. Por qué el agua se llamaba agua, por qué el azul era azul y por qué el mar parecía infinito. Fue por eso que cuando me enteré que los nombres guardaban significados -aunque sean etimológicos y no siempre elegidos intencionalmente- instantáneamente quise saber el del mío; tal vez sea que de una forma u otra siempre quise poder entenderme un poquito mejor, aunque eso signifique recurrir a este tipo de cosas.
Busqué sobre esto junto a mi mamá, me acuerdo. Ella leía en voz alta: "De origen germánico, Carolina: la que es fuerte". Desconozco realmente si ese es el verdadero significado o no del nombre, pero esas palabras me condicionaron bastante. La fortaleza es algo que siempre anhelé y siempre vi distante para mí. Si bien hubo momentos en los que sentí que tenía mucha fuerza, esos instantes precedieron situaciones muy dolorosas donde me daba cuenta de lo débil que era.

Hasta acá voy a dejar esta entrada. A decir verdad tengo miedo de escribir todas las palabras que pueda, de decir todo lo que siempre quise, y que aún así no sea suficiente. Que no me alcance para hacerme entender, o me sirva para entenderme yo misma. Qué ironía.



美苗  ~  
Carol Minae