Huracán

29 agosto, 2017

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Pasaron cuatro meses.
Cuatro desde que escribí la última entrada.
Cuatro desde que intenté una vez más correr en línea recta, huyendo, pretendiendo alcanzar la salida sin que nada me retuviera.
Y no fue así. Me retuvieron.
No sé decir si fue una suerte que lo hicieran. Tal vez en el momento lo haya sido, de hecho tal vez hoy lo vea como tal, pero nada me asegura que mañana no lo vuelva a sentir como una desgracia.
Tomar conciencia de tus enfermedades siempre es bueno. Saber lo que fuiste, lo que sos y lo que podés llegar a ser, es esencial. Sé qué puedo llegar a ser. Y sé que muchas personas no quieren que sea como yo a veces quiero.
Pasar por todo esto me ayudó a ver muchas cosas. El apoyo, la indiferencia; la situación se tornó en una dicotomía. Lo que no puedo negar es que fue como llamar a un plomero, y que saque (de todos lados) litros y litros de mierda estancada. Logré, entonces, parte de la liberación que buscaba.
Si hay algo peor que matarse, es intentarlo y que no te salga.
Ya que procuré desahogar por acá mis intenciones antes de intentarlo, tal vez deba plasmar del mismo modo los resultados de mi conchudismo. Y sí, es que por conchuda me pasa todo lo que me pasa y me hago todo lo que me hago.

16 de Mayo:
Como venía buscándolo, la noche del 16 logré agotar por completo la paciencia de una de las personas que más necesitaba. Hablando con el psiquiatra hace poco, tratamos la idea de que tal vez yo buscaba que él resistiera, que hiciera todo lo que no hizo, que me demuestre que yo no tenía razón al pensar que ya era tarde y que ya nadie podía hacer nada por mí.
Pero bueno, él es humano, y yo soy muy forra.
Nadie te enseña a tratar con depresivos, mucho menos con suicidas.
La cuestión es que esa noche decidió cortar conmigo, porque el día anterior se enteró de que me estaba lastimando. Lo suyo fue una mezcla de impotencia y bronca; lo primero por no poder haber hecho nada, y lo segundo, porque creía que no era suficiente como para poder hacerlo, que nunca iba a poder ayudarme. Pero lo cierto y justo es aclarar que yo no dejé que nadie me ayudara. Quería que lo hicieran, pero no los dejaba. Es el comportamiento enfermo de las personas que sufrimos.
Ya con él lejos, estaba todo listo. Agoté mis posibilidades de ayuda, puesto que ya no le hablaba ni a mi mejor amigo (a ninguno de ellos, de hecho), estaba lejos de mi familia, ya estaba lista. Había pensado en ello toda la semana, y ya sabía cuáles eran mis opciones: la primera, era colgarme de la puerta de chapa, no llevaría mucho tiempo y tardarían en encontrarme (decidí optar por otra cosa, principalmente por el miedo de que no soportara mi peso, además de que no quería dejar el lugar marcado con esa suerte de historia), la otra era cortarme y listo (por lo mismo que la anterior decidí descartarla, a la gente le impresiona más que alguien se mate por ahorcamiento o cortándose que de cualquier otro modo), pero a fin de cuentas decidí optar por la intoxicación.
Tenía todos los medicamentos que tomaba cuando iba al psiquiatra, prácticamente estaban nuevos, ya que dejé de forma repentina el tratamiento. Así que, para asegurarme de que no haya probabilidades de salvarme de esa, busqué todo lo que conllevaría una sobredosis de fluoxetina, y me tragué a puñados unas cuantas pastillas.
Eran 46.
Ya había pasado una media hora de que las había tomado, y mi mejor amigo (al que no le hablaba, que en ese momento vivía en el departamento del piso de arriba) bajó a golpearme la puerta, se ve que notó que algo iba mal. No le atendí, pero después me puse a pensar. Decidí subir a su casa, y hacer como si no pasara nada, actuar como una imbécil para que se enojara conmigo (mi cabeza conchuda cree que con el enojo la gente va a sentir menos tristeza). Hablamos, y se dio cuenta de que no estaba bien. Las pastillas empezaba a hacer efecto, se me iba la vista, estaba aletargada.
No sé qué me estaba diciendo, y le contesté "No importa, total ya es tarde". Y bueno, después de un rato logró hacerme escupir lo que hice; le dije que había tomado las pastillas y empezó a temblar. Tocaron la puerta de su departamento y corrió a abrir, su amigo Lucio (estudiante de enfermería) apareció como si hubiese sido todo planeado.
Me dijo que si no vomitaba se veía obligado a llamar a una ambulancia, y después de una media hora de forcejeo, me hicieron vomitar. Todo se desmoronó.
Todo calló.

17 de Mayo:
Era medianoche y Gaby me abrazaba, temblando me decía "vos no me vas a dejar, no te vas a ir, no me vas a dejar". Fueron los primeros asomos de culpa y responsabilidad que me golpearon la cara. No podía estar haciéndole esto a él, y sin embargo, lo hice.
Él llamó a Lucas, y le dijo lo que había hecho, le dijo también que debería venir. Pero era obvio que él no iba a hacerlo, ¿para qué? Si ya había terminado conmigo, ya era un caso perdido. Tuvo el atisbo de escribirme para preguntarme por qué lo había hecho, e intentar decirme que yo era una persona valiosa para el mundo, etc. Está claro que siendo que te tomaste casi 50 pastillas, te chupa un solemne huevo suicida qué tan "útil para la humanidad" te ve la persona que amas pero que te acababa de cortar, así que lo mandé a cagar al pobre, diciéndole que si no hablaba conmigo como pareja, que se vaya a freír churros.
Gaby no me dejó irme a casa. Intentó hacerme comer pero me dolía demasiado todo. Lucio me recomendó dormir, y cuando me acosté me advirtió que si no tenía la cabeza angulada con algo de altura, podía darme un infarto. Es obvio que después de que se fueran me saqué todas las almohadas y me dormí así. Morirte de un paro cardíaco mientras dormís es el sueño de todo suicida; y en mi caso, mi última esperanza.
Eran las 5 de la mañana y me sentía para el orto, así que me escapé practicamente de la casa de Gabriel, y bajé a dormir en la mía. Me desperté a la mañana siguiente, sintiéndome todavía para el ojete, y en ese momento de reflexión mi cerebro ablandó mi conchudismo haciéndolo vapor. Me sentía estúpida, me sentía horriblemente idiota. Sólo veía imágenes de Lucas y mías compartiendo todo lo que habíamos compartido, haciendo todo lo que hicimos, y viviendo todo lo que aún no habíamos vivido. Y me desmoroné.
Le hablé. Le rogué. Le juré que había comprendido que el problema era yo, y que iba a hacer todo lo posible por curarme, por estar bien para que estemos bien. Y después de caer lo más bajo que pude por alguien que amo, decidió darme otra oportunidad. Un ancla menos que llevar al hombro, un puñal menos en el estómago, una de las pocas cosas buenas de mi vida recuperada luego de haberla tirado yo misma a la basura.
Esa noche fue terrible. Había pasado todo el día temblando sola en mi cama, pero cada vez se hacía peor, cada vez temblaba más fuerte. Gaby y Lucio vinieron a casa, y éste último me revisó. Tenía el pulso muy bajo y por la manera en que temblaba, me quiso llevar a la guardia. Le tomó un rato convencerme, puesto a que ya sé cómo nos tratan a las personas estúpidas que no valoramos la vida, en el lugar donde luchan a diario por cuidarla. Pero terminamos yendo.
A la enfermera que me atendió se le cayeron los calzones cuando Lucio le explicó por mí lo que pasó. Me pasaron dos sueros y con cocktail de cosas para tratar de calmar mis temblores. Estaba deshidratada, y tenía en plena flor las secuelas de los medicamentos. Me dijo que el protocolo la obligaba a internarme, a llamar a un mayor y al psiquiatra. Pero claro, yo no quería eso. No le había dicho absolutamente nada a mi familia.
Firmé el alta voluntaria, y después de 3 horas de horror en ese lugar, me fui a casa.

18 de Mayo:
Desperté a la mañana, me bañé y viajé a casa de mis viejos. Al llegar le conté (esperando comerme una terrible cagada a palos) a mi vieja lo que había hecho, por qué lo hice, y demás. Para mi sorpresa, reaccionó calmada (aunque no lo estaba), y me ayudó mucho. Se dio cuenta de que lo que yo más necesitaba era hablar, y a eso me dediqué desde que lo hablamos. Ese mismo día se enteraron mis hermanos y mi papá también. Fue entonces cuando las cañerías de mierda líquida se empezaron a destapar.

Hasta acá llego por hoy, porque me duelen los dedos y ya no quiero pensar más en esto.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

Eran 46

16 mayo, 2017

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El plan A fue un éxito. Hola plan B

Time to Pretend

15 mayo, 2017

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Todo sigue igual. No me sorprende.
Estoy transformando ciertas cosas en un ritual, y tal vez eso no esté mal. Como ya lo dije antes, voy a hacer todo para mantener el circo. ¿Mi papel? Payaso, el del fondo. Nadie va a notar nada, por la distancia, el maquillaje y el traje, nadie ve nada. Todo se oculta fácil.
En silencio desaparezco, me hundo, casi toco fondo.
Preparo mis alternativas de forma meticulosa: de qué manera, cuándo, cómo, qué tanto, despedidas o no. Todo va a estar bien. Hay cosas que simplemente están destinadas a ser.
Pero por primera vez en mi vida no necesito ayuda, puedo yo sola. Así debería haber sido siempre. Ahora puedo pensar en mí, como todos querían que hiciera. Pienso en mí y en lo que quiero, y como lo quiero, lo hago. Porque me quiero, lo hago.
Nadie puede decirme qué está bien y qué está mal.
La marcha de mis planes A y B va a paso lento, pero avanza. Yo sólo miro desde el fondo del show. Miro sus acciones, sus reacciones, sus caras; observo tranquila cómo ven una obra que tuvo principio y tiene un final, el cual decido yo.
¿Qué creen que pueden hacer por mí?
Ya es medio tarde para pensar en eso.
Espero que en esta etapa comiencen a irse, así no sienten que los malos fueron ellos. Ojalá evacuen cuanto antes, así no sienten nada. Dicen por ahí que "ojos que no ven, corazón que no siente", que no sientan, total nunca vieron nada en realidad.
Así, mientras yo me desintegro, todos siguen. De paso me reemplazan con tiempo, o me olvidan más rápido. Es más fácil desapegarse de algo a lo que odiamos; ojalá me odien entonces.
De este modo, cuando todo termine, que van a sentir eso que siente un pájaro al ser liberado de su jaula. Quiero que todos vuelen libres, lejos mío. Y espero que para esto ayude mi trato seco, que los canse hasta el hartazgo.
Muchos ya están encaminados, ya tomaron sus propias decisiones y me parece perfecto. Déjenme pudrirme sola. Yo no quiero que nadie junte mis pedazos. Ya no lo necesito más.
¿Por qué forzar a alguien a hacer lo que no quiere, o lo que no puede?
No lo hago con ustedes, no lo hagan conmigo.
Se siente frío en todos lados. Ya estoy marchita.
Tal vez es hora de que busquen a una Carol nueva, y de eliminar a la vieja. Ya puse mis manos en eso, mientras decido las cosas voy calmándome a mi manera.
Todo va a estar bien. Total, estando bien siempre estuvo mal.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

No es enojo, sólo es tarde

13 mayo, 2017

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Casi lo suelto. Por dos segundos creí que él debería saberlo. Pero no. Él no podría entenderlo.
Así que no lo solté.
Mis piernas temblaban, pero no era frío. Seguro era la culpa, porque es aquí donde comienza. Tenía la escena del crimen justo debajo del pantalón.
Es así como se inicia esta gran mentira que voy a disfrazar de verdad.
Me van a tener como siempre me quisieron. No pienso quejarme de nada, no pienso decir más nada. Esta fue la instancia final de algo a lo que no creo volver por voluntad propia.
Me preguntó qué me pasaba, pero tal vez haya sido tarde para responderle eso. No importó en el momento, no importó antes y ya no importa ahora.
Será que tendrán que aprender a verme, como creen que hacen, pero esta vez en serio. A leerme cuando no puedo hablarles. Incluso apuesto a que si leyeran este estúpido blog, todo sería distinto.
Pero bueno. Aprendí que no puedo ni debo decirle a la gente las cosas que tienen que hacer, porque por más que lo haga, y se los diga con detalle, van a hacer siempre lo que les queda cómodo.
Tal vez debiste haber dejado el teléfono con volumen, y haberte dado cuenta. Hacía unos días que veníamos hablando poco, y de la nada te pedí perdón y te llamé. Tal vez, si hubieses atendido…
O quizás si al día siguiente te preocupabas por ello, ya que nunca te llamo. O si te alarmabas por lo cortante que respondía, luego de haberte dicho que no estaba bien. Puede ser que hayas podido hacer algo de haber notado al menos una de todas estas cosas.
Podrías haberme detenido de presionar el botón que, ahora, ya encendí.


Carol~

Lo hice de nuevo

12 mayo, 2017

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Lo hice de nuevo.
Y no me arrepiento.
Me detuve para que el daño no sea tan severo. Más que por mí, por ellos.
No pienso decirlo de hecho, pero sé que se van a enterar. No creo que ahora, tal vez en semanas o en meses. Por accidente.
Pero la cosa es que lo hice de nuevo.
Lo necesitaba y tal vez lo siga haciendo; más que por ellos, por mí.
Y cuando se enteren, si es que lo hacen, les voy a mentir de nuevo. Les miento todos los días, pero les voy a mentir más. Seguro les digo que no lo voy a hacer de nuevo y todo eso.
Pero sé que no se van a sentir mal, de todas formas saben que es cosa mía y que si nunca cambié, no voy a cambiar. Además poco les va a importar.
Bueno, poco les importó siempre. Seguro porque no lo toman como algo serio. Deben creer que sólo quiero molestar.
Por eso de mí no se van a enterar.
Creo que miento muy bien, nadie se dió cuenta de que todo estaba tan mal. Mentir también es callar.
Me siento bastante mal, pero ya no soy una bomba a punto de explotar. Eso ya pasó. Ya exploté.
Comer una sola cosa al día también me hace bien. Mis intestinos duelen, se retuercen por cada bocado. Y ahí miento de nuevo, comiendo normalmente para vomitarlo a solas después.
Pero tranquilos, todo está bien. A esto nadie lo va a leer. Es mi pequeña última excusa, para decir que yo sí dije lo que intenté pero realmente no digo.
Volvamos otra vez, desde cero. Voy a llenar de tierra todas mis relaciones profundas, dejaré todo superficial. Así es como al parecer siempre debí hacer las cosas.
Pero hay otra cosa que volví a hacer también: les falle de nuevo. Pero bueno, todos faltan a sus promesas, ¿por qué yo sería la excepción?
A fin de cuentas ni en mi propia historia soy protagonista. Sólo soy relleno.


Carol~

Henos aquí

30 marzo, 2017

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Bueno, ahora va una pequeña historia, algo loca si la veo ahora desde mi posición actual. Comencemos diciendo que hace muchos años que escribo torpes poesías. La mayoría (como todos los que suelen escribirlas) tienden a virar en lo melancólico, triste o romántico. Dicho sea el caso de este torpe intento de poesía a la cual quise mucho en su momento. Ahí va:

Estas mal, estoy mal
¿No te cansa estar mal?
Y pretender que todo vuele
tal como los segundos pasan a horas,
y las horas se pierden en la nada del todo.
Y ves caer todo aquello que construiste,
toda una semana de pleno esmero
para caer fácilmente de nuevo.
¿Solo yo me canso de estar mal?
Y dar todo de mí sin dudar ni chistar
esperando una sonrisa de vuelta, solo eso,
reprimiendo todo para mostrarte lo más lindo de mí.
Pero es obvio que ya a esta altura no resistas,
si yo misma te quité todas tus fuerzas
¿No te cansaste de mí aun?
¿Qué hay si te digo que yo sí?
¿No es injusto que lo guarde por ti?
Si tú lo que te duele lo lloras y lo gritas
es injusto que yo lo calle y no solo no lo veas,
sino, que además creas que mis días son de maravilla.
Que te diga que la pasé bien no significa perfección,
la paso bien cuando en verdad busco estarlo,
cuando llevo fuerzas prendidas a flor de piel.
¿Y aún no te cansas de estar mal?
¿No te consume al completo?
¿A caso no te duele el ahora?
¿No lloraste suficiente?
Tristemente, yo sí.
Yo sí…

Bueno, ¿cuál fue la particularidad de esta poesía? En principio, me abrazó mucho cuando lo necesité, y también, aunque no parezca, trabajé en su estética.  Al ponerla de lado es como un pico montañoso que va aumentando su tamaño a medida que llega al final. Para Carol de 2014, fue hermoso.
Fue luego de unos meses, en 2015, cuando intercambiando escritos con un amigo, recibí una respuesta en poesía de su parte. Es ésta: 

                                    Quiero verte Sonreír

Yo sí me he cansado de estar mal.
Por lo que decidí pasar lo malo por alto y sonreír.
Escapando de la tristeza, de en sus manos la frialdad.
Y tú, que me preguntas qué espero de ti.

Sencillo.
Quiero verte sonreír.
Te veo pasar por el rabillo de mi ojo,
el reflejo de un pasado que viene hacia mí.

Dices que nadie te quiere,
pero yo no te creo.
Es tu voz, el quebradizo cristal de la tristeza,
lo único que me hiere.

¿Qué es lo que espero de ti?
Chica de voz crujiente, quiero verte sonreír.
Así que te hago esta pregunta,
esperando que, algún día, tú me la hagas a mí.

¿Quieres que te haga feliz?

Dices que quieres ir lento.
Pero yo no sé lo que quiere decir eso.
Porque mi reloj se mueve junto con el paso de los años.
Aunque, por ti, puedo ajustarlo para ir al ritmo de los minutos.

¿Qué es lo que espero de ti?
Chica de ojos melancólicos, quiero verte sonreír.
Así que te hago esta pregunta,
esperando que, algún día, tú me la hagas a mí.

¿Puedo hacerte feliz?

Bueno. Traté de no tomarme esta respuesta a mi poema como algo personal. Simplemente nunca fui de atribuirme nada, ni aunque sonase muy cercano. Mi temor a sentirme idiota tras suponer algo que no es me ha perseguido siempre, así que mejor prevenir que avergonzar, ¿no?
La cuestión es, que yo prometí ese 2015 darle una respuesta, la cual escribí pero nunca le hice llegar. Hace un rato la busqué en mi viejo cuaderno esperando terminarla, y la encontré lista. De hecho, siendo que en ese entonces no lo conocía a él tanto como lo hago ahora, me sorprende un poco de mí misma. Qué nena perceptiva. En fin, acá está mi respuesta (no tanto referido al poema en sí, sino a él como persona):

He conocido al Hombre Luz
A pesar de ser pequeño,
es un hombre al fin.
Lo dicen sus ojos,
lo confirma su perfil.

En él se ve la furia de los mares,
y la calma de la noche.
Refleja aire de tristeza, no propia;
demuestra coraje, a veces inventado.

El pequeño hombre no sabe de su luz,
lo intuye, pero no lo nota.
Él teme de su pequeñez, la suele confundir
con una inevitable soledad innata.

Su peor miedo: la nimiedad,
tiende a desvelarlo sin piedad.
Pues por más que aún no crezca,
él quiere verse grande en verdad.

Teme perder lo que no tiene,
desesperándose por ganar lo que ya es suyo.
Pero es que es hombre por su firmeza,
y pequeño por sus carencias.

Pequeño hombre luz,
si es que existe un dios siquiera,
ojalá que mañana puedas
superar su omnipotencia.

Algún día serás gigante,
más que cualquier otro.
Llegarás donde quieras,
sólo con tu luz y tu fuerza.

Y aquí estamos, después de los años. Hace unos meses le hice la misma pregunta que él hizo en su poema (que insisto, tal vez no era para mí). Llevamos seis meses de novios, ¿qué hubiese sido de nosotros de expresarnos así antes? Tal vez con más exactitud, menos rodeos literarios. Pero bueno, a fin de cuentas, henos aquí. 

PD: Por alguna particularidad del drogadicto Blogger, no me deja (por más que intente) agrandar el tamaño de la letra de los poemas. Qué se le va a hacer.

Carol~

Requiescat In Pace

10 marzo, 2017

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La primera muerte en mi familia que me provocó ese dejo extremadamente doloroso no fue ni la del abuelo Tito (mi bisabuelo), ni la de la tía María (mi tía abuela), no porque no los haya querido, simplemente las procesé distinto porque era muy chica; fue la tan inesperada y repentina muerte de mi tía Ana, mi madrina de confirmación.
Mi tío Toto llorando a cascadas, y aun así con su personalidad tragi-cómica a flor de piel, gritando casi psicóticamente "¿por qué lloran todos? Parece que esto fuese un velorio". Y no, Toto no fue gracioso, pero como lo conocemos entendimos que era la manera de depurar su dolor. Recuerdo también no atreverme a entrar a verla, y cómo me convencían uno a uno de que pasara a despedirme de ella por última vez.

No debí haber entrado. No debí haberla visto.

Cuando falleció mi abuelo Eduardo, no lloré. Traté de convencerme que no hacerlo fue mi manera de no anclarlo, y que no por el hecho de haberlo reprimido significaba que lo quisiera menos. No podía demostrar debilidad. Mucho menos cuando el abuelo viajó con nosotros desde la Chacarita hasta Mar del Plata. Tratamos de ponerle onda al viaje, por lo cual no podía emanar una gota de nada, pero honestamente ni pude dormir con el abuelo ahí (en una caja, en el baúl).
Dejamos sus cenizas en la playa Punta Iglesia, en el mismo lugar donde la abuela arrojó las del abuelo Tito. Volver a ese muelle, el último donde (sentados con él, la abuela y mis hermanos, medio año antes de que eso sucediera) tomamos mates y comimos facturas tan inocentemente, me parte el corazón. Este verano no me atreví a ir.

Sucede que con la muerte y las despedidas, soy una completa cobarde. No me atrevo a mantenerme en un velorio por más de dos horas porque mi psiquis no me lo permite. Siempre encuentro mi manera de huir, de esconderme como bebé bajo mis sábanas imaginarias para abstraerme lo más posible de esa realidad.

Hace unos minutos, falleció la abuela de mis primas, la cual se portó como segunda madre de mis padres por un tiempo (lo que fortaleció mucho el vínculo entre todos nosotros). Ahora debo decirle a mis primas esas palabras  que, cuando falleció mi abuelo y ellas nos las dijeron, a mí no me sirvieron. Aunque lo hicieron con la intención más noble de tranquilizarnos, tal vez sea dicha intención la que necesité y no la calma que buscaban darnos.
Y pasa que para la muerte uno nunca está listo. No hay manuales que te ayuden a prepararte con anticipación, ni tampoco hay algo que te ayude a sobrellevarlo luego. No hay manera de saber qué decir, cómo o cuándo, porque no hay palabras que llenen nada. El vacío ya está.

Después de todo, ese es el destino del cual nadie va a poder escapar. Es la sentencia a la que todos, tarde o temprano, nos vamos a terminar enfrentando. ¿Por qué? Porque ese es el precio de vivir.


美苗  ~  
Carol Minae

Hoy fui al banco

07 marzo, 2017

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Hoy fui al banco. Tenía que hacer el primer depósito de dinero de mi vida, porque comencé un nuevo proyecto lucrativo. 

Primero fui al Banco Córdoba, donde me rebotaron diciendo que dado que la cuenta era del Nación, debía ir allí, así que me fui hasta ese. Luego de luchar para entender cómo sacar el ticket electrónico me dispuse a esperar que pasen las 60 personas que tenía antes que yo.
Afortunadamente, divisé una espalda familiar, y al corroborar eran dos amigos de la universidad. Uno de ellos ya la dejó, pero el que sigue yendo me cae realmente bien. Hablando se me pasó rápido la espera.

Al salir había una protesta, que antes se escuchaba desde el interior del banco. "Respeten los derechos de los trabajadores, y al que no le gusta, ¡se jode!", gritaba un hombre por megáfono mientras los demás acompañaban con gritos y golpes rítmicos de bombos, sumado a bengalas de humo color verde. Parecía una especie de culto aborigen, de gente que pedía de la manera más arcaica y retrógrada los cambios que necesitaba.
Pasando la plaza, me detengo. El semáforo estaba en verde. Tardé en darme cuenta de que todos los autos que parecían estar esperando para pasar, de hecho estaban vacíos. Una cuadra completa de autos impidiendo el paso en la calle más transitada de esta ciudad. Obviamente, era parte de la protesta.

Caminando luego por la peatonal me encontré con otro amigo de la universidad. Me preguntó por mis materias, me contó que había pasado el verano trabajando. Lo despedí y continué camino. De paso le dejé algo de dinero al hombre que siempre toca la guitarra y el banjo en ese lugar.

Fui a buscar mi moto. Me dispuse a sacar el candado mientras un hombre, en la moto de al lado, hablaba por teléfono. Cuando cortó, comenzó a cantar realmente fuerte. "Fue imposible sacar tu recuerdo de mi mente", cantaba y me miraba; me limité a sonreírle. No me gusta la bachata. "Y vuela, vuela, por otro rumbo". Me fui a mi casa.


Carol~

Para luego es tarde

21 febrero, 2017

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Imagino cómo todas las cosas podrían ir en distintas direcciones. Cómo sería si siempre me callara todo, o si no me hubiese guardado nunca nada. Cómo sería si me hubiese hablado cuando lo necesitaba, si tal vez así me hubiese detenido.
Me duele mucho. Me duele la indiferencia de todos, me duele que por defenderme una vez, estoy sola. Me duele notar que si yo no pongo esfuerzo en las cosas, el esfuerzo del otro lado no existe.

Recuerdo cuando le hablaba, remarcándole la importancia de valorar las cosas mientras uno las tiene. Parece que se olvidó de eso.

Hace años estoy elaborando ideas que no son buenas. Mire dónde mire, no tengo alternativa más que esa: no soy buena en las relaciones amorosas, ni de amistad, tampoco en las familiares; no soy buena con mis hobbies, ni en el ámbito laboral. No sirvo para la sociedad.

Debería morirme y listo.

Tuve un sueño, uno donde volvía a casa después de mucho tiempo.
Llegaba a la entrada de mi casa desde la calle. Todo estaba avejentado y feo, mi familia se encontraba sentada, reunida en el comedor. Había una foto mía en la pared, y todos pasaban de ella.
Sacaron el tema de mi muerte en la mesa, y por más que yo tratara de decirles que estaba allí, por más que gritara, ellos no podían oírme. Estaba sola, como ahora, sólo que ellos se dieron cuenta de que ya no me encontraba allí. Esta vez sí.
Todos siguieron adelante, y mi ausencia era sólo un tema para hablar en la mesa. Qué mierda.
Y acá estoy. Ya las ganas de irme de este plano me quedan de plan B. Lastimarme es la única opción que tengo, y no es por llamar la atención, es la forma de poder vivir conmigo. Porque simplemente no veo salida: no sé cómo dejar de ser Yo.
Total, ¿quién se daría cuenta si hago algo y no lo digo? Lo hago todo el tiempo y nadie lo ve. Lo hago con muchas cosas y a nadie le importa.

Creo que debería ir cortando lazos, así de a poco mientras corre mi Plan A, voy quedándome aún más sola para que nadie note cuando llegue el Plan B. Así no me encuentran ellos, sino la policía luego de una denuncia por malos olores. O que simplemente logre desaparecer por décadas, hasta que me encuentren sin tener pistas de quién soy.

Sólo sé que pasará. Tarde o temprano, sea por lo que sea, lo voy a hacer. Y ya para luego es tarde.
Ya todas las veces que yo gesté cosas por los demás, las que ellos no lo hicieron por mi. Todos esos momentos en los que quedé sola, en los que me castigaron por todo lo que hice y todo lo que no. Tal vez alguien desee mientras yo no esté, que las cosas hubiesen sido diferentes, o simplemente no haberme conocido.

Esta soy yo, esta es la tormenta que arrastro conmigo. La tormenta que algún día me va a matar.


美苗  ~  
Carol Minae

La piba invisible

19 febrero, 2017

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Toda la vida disfruté de escribir. Por alguna extraña razón me hace sentir que tengo algo productivo para hacer, que puedo dejar algo para ver al mundo, o simplemente dejar algo para recordarme a mí que alguna vez lo vi. Sin embargo, ya que soy una persona de movimiento lento (en todos los sentidos), siempre necesito motivaciones para que la parte derecha de mi cerebro funcione.

Me pregunto por qué serán estos sentimientos algo melancólicos los detonantes fieles a ello.

Supongo que nadie se descubre a sí mismo en los momentos felices, porque a fin de cuentas de la felicidad no siempre presta el tiempo necesario para aprender. Los sentimientos fuertes, las decepciones, la tristeza, la pérdida o la soledad siempre nos marcan. Siempre tengo ese constante sentimiento de cansancio el cual me avisa que ya no puedo tolerar las decepciones, que me ahoga la tristeza, que la pérdida me agobia, o que la soledad me está matando. Y ahí aprendés, oh sí... aprendés mucho.

Y precisamente en este momento, estoy realmente cansada.

Mi mamá dice que debido a este poder oculto de invisibilidad que tengo, desarrollé inconscientemente (para materializarlo luego físicamente) varios kilos de más. Así la gente me podría notar cuando vengo, cuando me voy, cuándo pasé y cuándo no. Esto de la biodescodificación me duele en la certeza.
Siempre viví con esta sensación de que la gente no me ve, pero no es gratuito. Es que, puta, en verdad si no es que no me ven, es que me ignoran fuerte (lo cual no sería bueno, tampoco). No digo que no pueda pasar, el perder de vista a alguien a veces o por algo, ¿pero es necesario hacerlo siempre? Como si fuese un accidente. Como si yo fuese de papel.

Mi hermano no me trata, y cuando lo hace me trata mal. Me hiere indiscriminadamente porque cree que nadie puede estar más herido que él mismo. Cree que es al único que le duelen las cosas. 
Mis amigos suelen hacer todo el tiempo lo que les va en gana. No suelen darles ganas de hacer cosas conmigo. No es que nunca les nazca nada, nomas no estoy usualmente en sus planes. Porque no lo digo, creen que no los necesito.

¿Cómo pretenden que no me sienta sola? ¿Cómo me hacen creer que no lo estoy? ¿Qué puedo esperar yo de todos los demás? 

Detalles, eso quiero.
Una llamada, de la nada, para ver qué hago o cómo estoy. Una visita sorpresa, para invitarme a salir de mi burbuja a tomar aire. Un regalo pequeño, que me demuestre que a veces rondo en la mente de ellos. Una disculpa amable, porque la razón no siempre la tienen ellos.
Quiero que no me hagan sentir invisible todo el tiempo, estoy harta de eso.


美苗  ~  
Carol Minae