Huracán

29 agosto, 2017

| | | 0 Opiniones
Pasaron cuatro meses.
Cuatro desde que escribí la última entrada.
Cuatro desde que intenté una vez más correr en línea recta, huyendo, pretendiendo alcanzar la salida sin que nada me retuviera.
Y no fue así. Me retuvieron.
No sé decir si fue una suerte que lo hicieran. Tal vez en el momento lo haya sido, de hecho tal vez hoy lo vea como tal, pero nada me asegura que mañana no lo vuelva a sentir como una desgracia.
Tomar conciencia de tus enfermedades siempre es bueno. Saber lo que fuiste, lo que sos y lo que podés llegar a ser, es esencial. Sé qué puedo llegar a ser. Y sé que muchas personas no quieren que sea como yo a veces quiero.
Pasar por todo esto me ayudó a ver muchas cosas. El apoyo, la indiferencia; la situación se tornó en una dicotomía. Lo que no puedo negar es que fue como llamar a un plomero, y que saque (de todos lados) litros y litros de mierda estancada. Logré, entonces, parte de la liberación que buscaba.
Si hay algo peor que matarse, es intentarlo y que no te salga.
Ya que procuré desahogar por acá mis intenciones antes de intentarlo, tal vez deba plasmar del mismo modo los resultados de mi conchudismo. Y sí, es que por conchuda me pasa todo lo que me pasa y me hago todo lo que me hago.

16 de Mayo:
Como venía buscándolo, la noche del 16 logré agotar por completo la paciencia de una de las personas que más necesitaba. Hablando con el psiquiatra hace poco, tratamos la idea de que tal vez yo buscaba que él resistiera, que hiciera todo lo que no hizo, que me demuestre que yo no tenía razón al pensar que ya era tarde y que ya nadie podía hacer nada por mí.
Pero bueno, él es humano, y yo soy muy forra.
Nadie te enseña a tratar con depresivos, mucho menos con suicidas.
La cuestión es que esa noche decidió cortar conmigo, porque el día anterior se enteró de que me estaba lastimando. Lo suyo fue una mezcla de impotencia y bronca; lo primero por no poder haber hecho nada, y lo segundo, porque creía que no era suficiente como para poder hacerlo, que nunca iba a poder ayudarme. Pero lo cierto y justo es aclarar que yo no dejé que nadie me ayudara. Quería que lo hicieran, pero no los dejaba. Es el comportamiento enfermo de las personas que sufrimos.
Ya con él lejos, estaba todo listo. Agoté mis posibilidades de ayuda, puesto que ya no le hablaba ni a mi mejor amigo (a ninguno de ellos, de hecho), estaba lejos de mi familia, ya estaba lista. Había pensado en ello toda la semana, y ya sabía cuáles eran mis opciones: la primera, era colgarme de la puerta de chapa, no llevaría mucho tiempo y tardarían en encontrarme (decidí optar por otra cosa, principalmente por el miedo de que no soportara mi peso, además de que no quería dejar el lugar marcado con esa suerte de historia), la otra era cortarme y listo (por lo mismo que la anterior decidí descartarla, a la gente le impresiona más que alguien se mate por ahorcamiento o cortándose que de cualquier otro modo), pero a fin de cuentas decidí optar por la intoxicación.
Tenía todos los medicamentos que tomaba cuando iba al psiquiatra, prácticamente estaban nuevos, ya que dejé de forma repentina el tratamiento. Así que, para asegurarme de que no haya probabilidades de salvarme de esa, busqué todo lo que conllevaría una sobredosis de fluoxetina, y me tragué a puñados unas cuantas pastillas.
Eran 46.
Ya había pasado una media hora de que las había tomado, y mi mejor amigo (al que no le hablaba, que en ese momento vivía en el departamento del piso de arriba) bajó a golpearme la puerta, se ve que notó que algo iba mal. No le atendí, pero después me puse a pensar. Decidí subir a su casa, y hacer como si no pasara nada, actuar como una imbécil para que se enojara conmigo (mi cabeza conchuda cree que con el enojo la gente va a sentir menos tristeza). Hablamos, y se dio cuenta de que no estaba bien. Las pastillas empezaba a hacer efecto, se me iba la vista, estaba aletargada.
No sé qué me estaba diciendo, y le contesté "No importa, total ya es tarde". Y bueno, después de un rato logró hacerme escupir lo que hice; le dije que había tomado las pastillas y empezó a temblar. Tocaron la puerta de su departamento y corrió a abrir, su amigo Lucio (estudiante de enfermería) apareció como si hubiese sido todo planeado.
Me dijo que si no vomitaba se veía obligado a llamar a una ambulancia, y después de una media hora de forcejeo, me hicieron vomitar. Todo se desmoronó.
Todo calló.

17 de Mayo:
Era medianoche y Gaby me abrazaba, temblando me decía "vos no me vas a dejar, no te vas a ir, no me vas a dejar". Fueron los primeros asomos de culpa y responsabilidad que me golpearon la cara. No podía estar haciéndole esto a él, y sin embargo, lo hice.
Él llamó a Lucas, y le dijo lo que había hecho, le dijo también que debería venir. Pero era obvio que él no iba a hacerlo, ¿para qué? Si ya había terminado conmigo, ya era un caso perdido. Tuvo el atisbo de escribirme para preguntarme por qué lo había hecho, e intentar decirme que yo era una persona valiosa para el mundo, etc. Está claro que siendo que te tomaste casi 50 pastillas, te chupa un solemne huevo suicida qué tan "útil para la humanidad" te ve la persona que amas pero que te acababa de cortar, así que lo mandé a cagar al pobre, diciéndole que si no hablaba conmigo como pareja, que se vaya a freír churros.
Gaby no me dejó irme a casa. Intentó hacerme comer pero me dolía demasiado todo. Lucio me recomendó dormir, y cuando me acosté me advirtió que si no tenía la cabeza angulada con algo de altura, podía darme un infarto. Es obvio que después de que se fueran me saqué todas las almohadas y me dormí así. Morirte de un paro cardíaco mientras dormís es el sueño de todo suicida; y en mi caso, mi última esperanza.
Eran las 5 de la mañana y me sentía para el orto, así que me escapé practicamente de la casa de Gabriel, y bajé a dormir en la mía. Me desperté a la mañana siguiente, sintiéndome todavía para el ojete, y en ese momento de reflexión mi cerebro ablandó mi conchudismo haciéndolo vapor. Me sentía estúpida, me sentía horriblemente idiota. Sólo veía imágenes de Lucas y mías compartiendo todo lo que habíamos compartido, haciendo todo lo que hicimos, y viviendo todo lo que aún no habíamos vivido. Y me desmoroné.
Le hablé. Le rogué. Le juré que había comprendido que el problema era yo, y que iba a hacer todo lo posible por curarme, por estar bien para que estemos bien. Y después de caer lo más bajo que pude por alguien que amo, decidió darme otra oportunidad. Un ancla menos que llevar al hombro, un puñal menos en el estómago, una de las pocas cosas buenas de mi vida recuperada luego de haberla tirado yo misma a la basura.
Esa noche fue terrible. Había pasado todo el día temblando sola en mi cama, pero cada vez se hacía peor, cada vez temblaba más fuerte. Gaby y Lucio vinieron a casa, y éste último me revisó. Tenía el pulso muy bajo y por la manera en que temblaba, me quiso llevar a la guardia. Le tomó un rato convencerme, puesto a que ya sé cómo nos tratan a las personas estúpidas que no valoramos la vida, en el lugar donde luchan a diario por cuidarla. Pero terminamos yendo.
A la enfermera que me atendió se le cayeron los calzones cuando Lucio le explicó por mí lo que pasó. Me pasaron dos sueros y con cocktail de cosas para tratar de calmar mis temblores. Estaba deshidratada, y tenía en plena flor las secuelas de los medicamentos. Me dijo que el protocolo la obligaba a internarme, a llamar a un mayor y al psiquiatra. Pero claro, yo no quería eso. No le había dicho absolutamente nada a mi familia.
Firmé el alta voluntaria, y después de 3 horas de horror en ese lugar, me fui a casa.

18 de Mayo:
Desperté a la mañana, me bañé y viajé a casa de mis viejos. Al llegar le conté (esperando comerme una terrible cagada a palos) a mi vieja lo que había hecho, por qué lo hice, y demás. Para mi sorpresa, reaccionó calmada (aunque no lo estaba), y me ayudó mucho. Se dio cuenta de que lo que yo más necesitaba era hablar, y a eso me dediqué desde que lo hablamos. Ese mismo día se enteraron mis hermanos y mi papá también. Fue entonces cuando las cañerías de mierda líquida se empezaron a destapar.

Hasta acá llego por hoy, porque me duelen los dedos y ya no quiero pensar más en esto.

                                                                                                                                                                                                         Carol~