En mi familia solemos viajar a menudo. Lo hacemos -con bastante sacrificio- porque es una actividad que nos enriquece y llena mucho el alma, pero también viajamos para visitar al resto de familiares que tenemos esparcidos por el mapa argentino. Entonces, porque nos gusta y porque valoramos la importancia de estar presentes en las reuniones familiares de determinadas fechas, es que viajamos numerosas veces al año.
Fue así como salimos de viaje el jueves pasado junto a mi familia. Ah sí... debería aclarar qué entiendo por "mi familia", ¿no? Bueno, acá va una pequeña parte engorrosa, en la que desvarío y cuento una breve descripción de cada ser que la integra -de mayor a menor, porque yo quiero-. Esto es algo que se puede esquivar.
Primero tenemos a mi papá, callado por demás y algo cabeza dura, con mucha necesidad de cariño y de ser escuchado -aunque no es muy bueno escuchando-. Valora mucho el tiempo que comparte con cada uno de sus hijos, y disfruta mucho de ciertas actividades (volar su mini helicóptero, escuchar buena música, crear o arreglar cosas). Me encargo de hacerlo reír siempre que puedo con cualquier monada, y a él le gusta mucho compartir conmigo sobre música. Le sigue mi mamá, habladora experta de todo lo que no tenga que ver con ella misma, con una gran necesidad de ayudar a quienes la rodean y una cierta dificultad para expresarse sin ser malinterpretada. Trata siempre de dar lo mejor a los que quiere -y a los que no- ya sea material o emocionalmente; disfruta del arte, de ver progresar a quienes la rodean y de aprender cosas nuevas. Nos escuchamos muchísimo mutuamente, y es a la primera persona que suelo acudir cuando en verdad lo necesito.Por otro lado tenemos a mi hermana mayor, una persona ejemplar en muchas cosas, de buen corazón, optimista y algo terca. Tiene muchas heridas, pero trabaja para sanarlas. Disfruta mucho de compartir con sus seres queridos -ya sea música, una comida o una simple foto-, de hacer arte y contemplar los atardeceres en su "hora mágica". Juntas compartimos muchas cosas, y nos unimos muchísimo desde que ella se fue a estudiar. Luego está mi hermano menor, carismático y de carácter fuerte, terco, algo impredecible y egoísta -lo que lo hace difícil de entender-, aunque muy sensible y de buen corazón. Tengo muchos sentimientos encontrados con él debido a que lo veo viviendo muchas cosas que yo viví, pero a la vez tenemos muchas diferencias en nuestras actitudes, lo que nos lleva a chocar a menudo. Por último nombro a los gatos de la familia,porque quiero también. La gata de la casa de mis padres -se podría decir que es de mi hermano- se llama Mica, es muy gruñona pero es buena. La gata de mi hermana, Munna, es muy activa pero mimosa a la vez. Y mi gato, Hiromu, es muy inteligente y tiene mucha -muchísima- paja para todo.
Bueno, volviendo al tema, como salimos de viaje todos, estuve esta última semana de visita en casa de mi hermana. Ella vive en Rosario hace ya varios años. Para ser precisa, ella tiene 8 años más que yo, y ese es el tiempo que lleva viviendo en esta ciudad. Esta ciudad siempre fue y es uno de los únicos "escapes" que tengo; es el lugar al que voy cuando más lo necesito (aunque me de cuenta de que lo hago tiempo después de venir acá).
Cuestión, que traje a Hiro conmigo y no la pasó muy bien. Como se sabe los gatos son territorialistas, y el departamento de mi hermana es muy chico; estaba todo lleno de "olor a Munna", y mi gato no tenía forma de estar contento con eso. Su reacción instintiva fue ponerse a la defensiva muy agresivamente, acurrucarse entre las plantas en la esquina del balcón y no moverse por casi 8 horas de ese lugar. Menuda cagada sentía que me mandé por no dejarlo solo en mi casa, llevándolo a que se estresara de esa forma. Pasadas las horas decidió volver hacia adentro, desconfiado, y se acomodó en una esquina de la cama; sus ojos rebosaban furia y desconformidad. A pesar de los zarpazos y sus amenazas, me encargué de acercarle comida y agua que fue tomando cuando quiso.
A la noche siguiente mis papás pasaron por él, estaba contentísimo de irse de ese lugar el cual no era suyo, porque sabía que iba a llegar a su casa pronto. Un alivio para él, un alivio para Munna, un alivio para mí. Lo que no pude sacar de mi cabeza fue su mirada. Me transmitió muchísimas cosas, sobre todo, ese sentimiento de no-pertenencia.
El nombre de la entrada es el mayor spoiler que pude dejar. Yo no siento que pertenezca a ningún lugar. Es así como me siento ahora, es así como me sentí siempre. Anhelé por años el poder tener un lugar o un grupo del cual me sintiera parte, donde sintiera que encajara. Afortunadamente en el 2015 tuve la suerte de encontrar el grupo en el que más cómoda me sentí en mis 19 años, pero aún así, hay pequeños detalles que denotan mi no pertenencia (tal vez no precisamente en el grupo, sino en fragmentos de cosas, detalles, acciones o inacciones).
Al igual que mi gato, siento que me estoy acurrucando en el rincón más profundo y apartado, esperando a sentirme cómoda, que alguien me saque de ese lugar, o salir corriendo cuando más segura me sienta. Pero en sí, la mayor diferencia entre él y yo, es que él tenía un lugar al cual volver, yo sólo tengo lugares donde escapar.
Jamás pensé que con sólo ver los ojos de Hiro iba a sentir tanta comprensión. ¿Por qué será que a veces nos sentimos tan fuera de lugar? Quisiera poder procesar bien eso para poder tener una buena respuesta a mi pregunta -por ahora retórica-, pero no la tengo.
美苗 ~
Carol Minae
