Maldita

15 junio, 2020

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Así es, estoy maldita y no sé bien por qué.
No sé qué hice para estarlo, sólo sé que así es. Desde que tengo uso de memoria, esto me acompaña como una sombra atormentándome. Se preguntarán entonces, cuál es mi maldición. Es recordar la mayoría de cosas, con lujo de detalles, como si las viviera hoy.
¿Qué podría haber de malo en eso? Pues todo. Absolutamente todo. Envidio a la gente que no se acuerda ni que comió anoche, que ya no se preocupan por nada, porque en cambio a mí todo me duele. Y ya estoy harta.
Las historias por lo general tienen inicio, conflicto, desarrollo y desenlace, pero yo jamás consigo uno. Es una bronca constante, un dolor que jamás se va. Las vivencias están ahí a flor de piel, ahogándome, ¿cómo las borro? O en todo caso, ¿cómo vivo con ello? Es obvio que a las demás personas no les afecta de la misma manera. Siempre está el típico "¿Cómo mierda te acordás de eso?" porque hasta de datos inútiles tengo memoria. Es que acordarme de la remera favorita de mi mejor amiga de la colonia de verano de 2004, al parecer no es tan normal como yo creía.
Cuando era chica en realidad, siempre tenía esto de estar como perdida. Colgadísima. Para ponerlo sencillo, era medio idiota. En mi cabeza no entraba la idea de que la gente podía ser mala o hacerte mal simplemente porque se les cantaba el orto, y eso me trajo muchos problemas. No sabía defenderme, y a la vez, quería defender a todo el mundo. Mis papás estuvieron demasiados ocupados dándome cariño, y se les olvidó la parte en la que tenían que enseñarme a quererme a mí misma un poco más. O quizás es que el hecho de querer al otro sin reparos debería ser suficiente, quién sabe.

Tal vez de haberme querido un poco mas, no hubiese llegado hasta este punto. Tal vez queriendome no lastimaba tanto a la gente que me rodea.

Me encuentro en una situación bastante chota. Mi maldición se cargó conmigo del todo, y hace tiempo que las cosas sólo van en reversa. Esta vez no hay nada que logre salvarse.
Mastico en silencio palabras crudas. Cosas que no dije y que no voy a decir nunca. Lloro en silencio cuando no me ves, no quiero tener que dar explicaciones.

Quizás la parte que más me duele de esta situación es que puedo ver cómo termina. Esta vez, lejos de todas las otras discrepancias que hemos vivido, nos puedo ver separándonos. Y duele un montón.
Duele porque sé que también lo ves. Duele porque no hago nada al respecto, y vos tampoco. Hace mucho que me quedé sin fuerzas, hace un mes que me di por vencida. Tus fuerzas también se terminaron, y aunque no lo quieras admitir, también te diste por vencido conmigo. Ya somos dos.
"Nunca me canso de estar con vos" bueno parece que sí pasó. Pero no te lo estoy recriminando, yo sé perfectamente que me lo gané.

Todo lo que toco lo desgasto tarde o temprano. Todo lo destruyo. Debe ser mi naturaleza. Quizás no me crearon para convivir con nadie.
Tal vez siempre fui un error. Quizás siempre fui como un tumor y no se suponía que esté donde estoy.
Ya no quiero seguir.
En serio.
Me cansé de intentar y es más que en serio.

Preparo en silencio mis últimas cosas, porque esta vez estoy decidida. Va a ser un periodo de prueba, un intervalo donde terminar algunos pendientes de la lista. Otros ya me chupan un huevo.
Hay un par de personas que quiero visitar, unas palabras que quiero decir, un poco de arte que quiero dejar. Después me voy a ir. En silencio.
No es como si no lo hubiesen sabido desde hace tiempo. No es como si fuese algo que planee en secreto. Busqué ayuda cuando la creí necesaria. Espero que nadie se sienta culpable, porque a fin de cuentas lo único que siempre deseé fue no existir más.
Me acuerdo de mi abuela con lágrimas en los ojos, diciendo que siempre debía tener una tablita de salvación. Perdón Abuela, nunca tuve tu fortaleza, ni pude sostenerme jamás de los mismos lugares que vos lo hiciste. Perdoname por no ser tan fuerte como hubieras querido.
Perdón Papá y Mamá por nunca haber sido la persona que se merecían. Jamás les pude devolver ni un cuarto de todo lo que me brindaron, porque sé que nunca va a alcanzar con quererlos tanto.
Perdón Ceci y Kelo por no poder compartir más de sus logros. No los disfruté a ustedes lo suficiente. Perdón por todas las veces que no fui, que no compartí más con ustedes.
Perdón Kevin, Jesi, Sara, siempre fui una cagada cuidando amistades. Se merecían una mejor persona de amiga, y yo solo supe hinchar las pelotas. Perdón por dejar que mi ansiedad me gane y no pasar tanto tiempo con ustedes.
Perdón Walter, no pude conocerte en persona. Siempre fuiste una persona importante para mí, y de verdad espero que no te enteres nunca de esto. Ojalá que nadie te diga nada, y que vivas tranquilo creyendo que sigo por ahí.
Perdón Joel por no haberte alejado antes. Perdón por haberme permitido quererte tanto, y arrastrarte a todo esto. Te mereces a alguien mejor, a alguien que simplemente no sea yo. Sos el claro ejemplo de cómo puedo arruinar a alguien. Antes de mi tenías todo. Amigos, familia, trabajo, etc. Ahora que estás conmigo solamente tenés agotamiento y muchísimo estrés. No quise hacerte mal, en serio me había propuesto a hacer las cosas bien. No me salió, perdón.
Perdón a los chicos de la facultad, Ale, Pau, Mari. Siempre quise devolverles todo el apoyo que me dieron, pero ni para juntarme a cenar sirvo. Perdón por no buscarlos más, perdón por no haber podido compartir más cosas.
Perdón a todos en la familia, porque lo único que hice siempre fue no valorarlos hasta que los perdí. Hubiese querido disfrutarlos más. Perdón en especial a Juli, ya sé que estabas enojada cuando te enteraste que lo había intentado en 2017. No es que no me importe tu dolor, es que simplemente no puedo aguantar más el mío.
Y esta vez realmente lo intenté. De verdad quise hacer las cosas bien.
Soy un fracaso en todo.
Los voy a decepcionar a todos.
Otra vez.
Perdón.

Ni gasten más en mí. Solamente crémenme y tiren las cenizas por ahí. Si quieren algo "especial" tírenme de abono para un arbolito o algo así, aunque seguro se caga muriendo también. Qué paja cuidar plantas, mejor tírenme así nomás.
Ojalá alguien cuide a los gatitos con todo el amor que se merecen.
Con mis cosas hagan lo que quieran. No pienso volver a tirarle las patas a ninguno. Repartanlas, vendanlas y váyanse de viaje, hagan lo que quieran.
Como soy cagona voy a tratar de irme de la forma menos dolorosa posible, así que no se preocupen por eso. Ahora por lo pronto decido mis últimos pasos, me encargo de los detalles.
Perdón por haberme dado por vencida.
Siempre fui un fracaso.
No quiero llegar a vivir ciertas cosas.
Siempre fui miedosa.
Los quiero para siempre.
Perdón.

Muerte dulce

19 julio, 2019

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Me quiero morir y no puedo.
Siempre latente, la idea de morirme nunca me deja. Y no sé por qué no me lo permiten.
¿Qué les cuesta dejar de lado su egoísmo y permitirme morir en paz?
Sí. Su egoísmo.
El de ustedes.
No tengo ganas de pasar estas cosas. Todo el tiempo pienso en eso. “No tengo ganas de vivir esto", hasta con una compra en el súper. ¿Por qué me obligan?
“Es que estaríamos tristes si te perdiéramos”, ¿por cuánto tiempo?
Me tengo que aguantar todo esto solamente por sus ganas egoístas de saber que me tienen al lado, ¿es así?
Quiero meter la cabeza en el horno y abrir la llave de gas. Inhalar todo el monóxido de carbono que pueda para intoxicarme bien. Una rica muerte dulce. Ni me dolería, sería como quedarme dormida. ¿Tanto les jode?
Yo no tengo ganas de nada de esto. Ni de levantarme, comer, hablar, respirar, nada.
Sería mejor si simplemente desaparezco, eso nunca lo dejo de pensar.
Me esfumo y listo.
No importa qué tan bien llegue a estar, las ganas de morirme a la mierda siempre las tengo presentes. Como mi sombra, me sigue a todos lados y no puedo hacer nada para que desaparezca.
A fin de cuentas, es lo único que está siempre ahí.
Nunca me abandona.
Me arden tanto los ojos.
Intenté dormir en el suelo del baño.
Estaba muy frío, y no es cómodo para llorar.
Quiero morirme.
Y
 no
    me
        dejo.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

Brindemos

17 febrero, 2018

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Si bien hace menos de un mes que escribí la última entrada, pasaron tantas, pero tantas cosas.
En sí creo necesitar escribir esto, más que por el contenido textual, por el contenido emocional de los últimos días. Abrí el blog encaprichada en escribir sobre una pequeña pelea con una amiga, pero decido dejarlo para la entrada que sigue, o no escribirlo directamente. 
¿Por dónde empezar? 
Mejor lo hacemos un toque cronológico.
26/01
Se decidió a escribirme. Me dijo ese mismo día lo que cité en la entrada anterior y, entre otras cosas, lo siguiente:
"[...] Todavía se me hace impensable estar con otra persona porque siento que te estoy traicionando. Y de mi parte también me pasa lo mismo. [...] Y si acepté que siguiéramos manteniendo el contacto, no te parece que es porque te necesito? No te quiero de vuelta como pareja, al menos no ahora, pero como persona te quiero cerca, te necesito cerca."
Me da bronca de sólo leerlo.
30/01
No más a un día de escribir la última entrada, el mundo, mi autoestima, mis emociones, todo dio un vuelco de 180º. Resumiendo, estaba hecha una verdadera piltrafa, y gracias al sexto sentido que heredé de mi madre (hablando luego con mi hermano, me enteré que él también lo tiene) pude incinerar la venda que cubría mis imbéciles ojos.
Me detengo un toque en el sexto sentido para explicarlo un poco. Plasmándolo, es una duda. Una duda tan grande que se manifiesta en tu cuerpo, como un fuego que quema en la boca del estómago, y te aplasta el pecho como un yunque. Esa sensación, la había sentido antes, por ahí a fines de 2014 (a solo una hora de ver cómo mi, en ese entonces novio, hablaba en Skype con más de 6 muchachas y no precisamente de pasajes bíblicos), y no me había fallado.
Entonces, con esa ferviente duda que se había despertado dentro mío, decidí hacer lo que la gente en realidad no debería hacer. Invadí su privacidad como nunca lo había hecho. Porque sí, si bien tenía las herramientas a mi disposición, no había necesidad. Pero bueno, soy un animal de instintos. Y mi instinto dictó bien.
Antes de continuar, vamos a dar el panorama que necesito para llegar a mi punto. 
Les presento a mi ex:  un hombre simple (casi que podría decirse básico), introvertido a conveniencia, de egoísmo y egolatría importantes, al cual no hay cosa peor que le puedas hacer, más que "la traición". Bueno, él al igual que yo, gozó de una rica y larga relación a distancia con una pelotuda chica de San Juan, a la cual dejó por mí. No, de verdad. La dejó y al cabo de unos días ya estaba saliendo conmigo. Cuestión que por diversas charlas y situaciones confusas, le había pedido hace tiempo que la borrara de su vida, y tras más de 4 meses de discusiones al respecto, lo hizo.
Cuestión, que encontré la conversación con su ex: "voy a vivir solo", "te extrañé", "extrañaba tus nudes", precios de pasaje, típicas charlas de garchiamigos. En primera instancia me desarmó. Comenzaron a hablar desde el día siguiente a que termináramos. El hecho de que le haya dicho que la extrañó significó que lo hizo mientras estaba conmigo. Así que pues, bien.
Respiré hondo, maquiné qué iba a hacer con esa información.
Y ahí, todo encajó.
Las piezas se alinearon en mi cabeza, y todo lo que me había dolido hasta hace a penas el día anterior,  simplemente dejó de hacerme mal.
No había sido mi culpa. Yo no estaba actuando mal. No soy una mala persona.
"Todo lo que hacés últimamente es herirme." me dijo antes de terminar. Y se lo creí. Sabía que había sido dura con él, y decidí responsabilizarme por todo. Estuvo para el orto, claro.
Que le vuelva a escribir me hizo caer en que las palabras de este pibe valen menos que moneda de un centavo. La ex a la que él volvió, lo "traicionó" como a él tanto le molestaba, más de una vez. Si yo lo hubiese hecho, no me habría perdonado. Pero bueno, por la chota interés baila el mono.
De la nada ya lo tenía claro. No iba a perder más tiempo con esto, tenía que avanzar, seguir adelante y vivir la vida que había querido todo esos últimos meses de relación marchita.
Le escribí pidiéndole que venga a mi casa a devolverme todo lo que le dí, y después de una buena argumentación (sin exponer que el hecho principal era hablar de mi descubrimiento cara a cara), accedió a venir.
Deben haber sido al menos dos horas, donde le dije todo lo que la formalidad de la relación y las ganas de no herir al otro no me permitían. Solté todo, y sé bien que lo desangré de un modo u otro. Fui egoísta, y me lo debía, al menos por una vez en mi puta vida.
Lo despedí con una cachetada, un portazo, y al irse brindé conmigo misma.
"Let's raise a glass or two
To all the things I lost on you" - LP

Fue hermoso.
¿Por herirlo? No. 
Porque primera vez en mi vida, me defendí. Y me amé por eso.
Gracias a todo esto, de hecho, hoy me amo un poquito más.
01/02 - 11/02
Voy a juntar todos estos días, porque quiero ser lo más breve y concisa al respecto. En esos diez hermosos días, viví tantas cosas preciosas. Compartí lo que hasta hace poco creía imposible, y restauré la parte de mí que creía perdida.
Comencé a hablarme con más gente, mis amigos se hicieron tan presentes como totems de la buena fortuna. Y la llegada de él a mi vida, fue algo insuperable. Con su sonrisa y su luz me dio vida de nuevo, me llenó de esperanzas. Hizo que todos mis problemas con Lucas quedaran ahogados en un baúl que ahora parece del siglo V. 
Y ahora lo extraño tanto...

Tal vez lo que mejor explique todo, es el cuento de la vaquita:
" Había una vez un sabio y su discípulo. Cierto día, en su caminata, vieron a lo lejos una cabaña. Al acercarse, notaron que, a pesar de la extrema pobreza del lugar, la casita estaba habitada. En aquella zona desolada sin plantas ni árboles, vivía un hombre, una mujer, sus tres pequeños hijos y una vaquita flaca y cansada. Con hambre y sed el sabio y su discípulo pidieron abrigo por unas horas y fueron bien recibidos. 
En cierto momento, mientras comía, el sabio preguntó:
- Este es un lugar muy pobre, lejos de todo. ¿Cómo sobreviven?
- ¿Usted ve aquella vaca? De ella sacamos todo nuestro sustento.- dijo el jefe de la familia.
El sabio agradeció la hospitalidad y partió. Ni bien hizo la primera curva en el camino dijo al discípulo:
- Vuelva, agarre a la vaquita, llévela al precipicio de allí adelante y tírela hacia abajo.
El discípulo no lo creyó.
- ¡No puedo hacer eso, maestro! ¿Cómo puede ser tan ingrato? La vaquita es todo lo que ellos tienen. Si la tiro al precipicio, no tendrán como sobrevivir. ¡Sin la vaca, se mueren!.
El sabio, como todos los sabios chinos, apenas respiró hondo y repitió la orden:
- Vaya y empuje a la vaca en el precipicio.
Indignado, pero, resignado, el discípulo volvió a la cabaña y, suavemente, condujo al animal hasta el borde del abismo y lo empujó. La vaca, como era previsto, se estrelló allí abajo.Pasaron algunos años y durante ese tiempo el remordimiento nunca abandonó al discípulo. En un cierto día de primavera, carcomido por la culpa, abandonó al sabio y decidió volver a aquel lugar. Quería ver qué era lo que había sucedido con aquella familia, ayudarla, pedirle disculpas, reparar su error de alguna manera. Al doblar por el camino, no creyó lo que sus ojos vieron. En el lugar de la cabaña desierta había un lugar maravilloso, con muchos árboles, piscina, un auto importado en el garaje, una antena parabólica. Cerca de la parrilla, había tres adolescentes robustos, celebrando con su padre el primer millón de dólares ganado. El corazón del discípulo se congeló. ¿Qué le había sucedido a esa familia? Seguro que, vencidos por el hambre, fueron obligados a vender el terreno e ir a otro lado. En ese momento, pensó el aprendiz, deben estar mendigando en alguna ciudad. Se acercó, entonces, al casero y le preguntó si sabía el paradero de la familia que había vivido allí hacía algunos años.
- Claro que sé. Usted la está mirando.- dijo el casero, apuntando a las personas alrededor de la parrilla.
Incrédulo, el discípulo pasó el portón, dio algunos pasos y, llegando cerca de la piscina, reconoció al mismo hombre de antes, sólo que más fuerte y altivo, la mujer más feliz, los chicos, que se habían convertido en saludables adolescentes. Espantado, se dirigió al hombre y le dijo:
- Pero ¿Qué sucedió? Yo estuve aquí con mi maestro hace un año y este era un lugar miserable, no había nada. ¿Qué hizo para mejorar tanto su vida en tan poco tiempo?.
El hombre miró al discípulo, sonrió y respondió:
- Teníamos una vaquita, de la que sacábamos nuestro sustento. Era todo lo que teníamos. Pero, un día, se cayó en el precipicio y murió. Para sobrevivir, tuvimos que hacer otras cosas, desarrollar habilidades que ni sabíamos que teníamos. Y fue así, buscando nuevas soluciones, que hoy estamos mucho mejor que antes."

Yo tiré a la condenada vaquita por el precipicio, que vendría a ser mi ex ahrreDe no haberlo hecho, no hubiese podido experimentar todo esto. Me hice rica realmente, simplemente al dejarlo ir.
Y así, sin más, abrí las puertas de mi vida a un nuevo capítulo, donde puedo dar y recibir amor sin etiquetas ni presiones. Sin motivo siquiera. Me encanta, realmente.
Estuve feliz todos estos días, no sé por qué se me olvidó esta tarde. 
Ah, sí. Me acordé. La pelea pelotuda. 

Que se jodan todos, ya no quiero estar mal, y mucho menos ahora que tengo motivos de sobra para estar feliz ♥

                                                                                                                                                                                                         Carol~

Amor sin azúcar

29 enero, 2018

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Justo cuando comienzo a creer que todo va mejor, la vista se me comienza a nublar. Las lágrimas brotan de mí como si fueran coágulos incontrolables, saliendo del cuello recién rebanado de un cordero.

Estoy destrozada, y no termino de entender bien por qué.
Tal vez esto se siente al dejar ir algo que de verdad amas porque dicho algo te hace infeliz. Qué irónico, ¿no? 

Hace poco hablamos de nuevo. Entre tantas cosas, él me escribió esto:

“Es raro no tener la presión de hablarte porque si no lo hago te vas a enojar”.

Eso, mis no-existentes lectores, es la clara muestra de que cortar con él no fue un error. Es la prueba de que el amor de “hoy” no es algo que te sale del alma, si no algo por lo que uno siente un deber.

Leyendo eso, nadie se imaginaría siquiera que al pobre le había dicho un mes atrás que necesitaba más romanticismo en la relación. Cuando se lo dije, sabía en parte. Sabía que no iba a cambiar en nada a menos que yo le dijera qué hacer en cada instancia. Y a pesar de ello, no le di ninguna indicación.
Aún así, no quise aceptar que desde antes de ese punto de inflexión ya le veía el cartel de “fin del camino” a nuestra relación. Y lo trato como un punto de quiebre porque en el momento donde uno manifiesta lo que lo aqueja, la situación se torna en una espera: la persona a la que se le dice “esto me molesta”, deja de ser ignorante al respecto, y pasa a tener la responsabilidad de hacer algo diferente. Bueno, él intentó hacer algo por la causa, no lo niego. Pero no le salió.
Tal vez todo lo que quería estos últimos días desde que terminamos, fue esperar que él hiciera eso que nunca hizo; que su lado romántico aflorara y viniera a mí.
Le corté y lo despedí con dolor enmascarado, a la espera de que él vuelva. De que me golpee la puerta con una carta y una flor en la mano, dónde me dijera que haría todo y más para solucionar las cosas. Pero era obvio que no iba a ser así.
Para él terminar conmigo fue un alivio.
De hecho, estoy segura de que lo único que él necesitaba para hacerlo, era un buen motivo.
Y se lo di sin problemas, porque su amor sin azúcar ya me empezaba a lastimar por demás.
Quién sabe. Por ahí le corre y urge de la nada la necesidad de volver a mí de acá a un tiempo. Pero no lo sabe. Él no tiene idea de lo mucho que me cuesta soltar.
Y sucede que “soltar” para mí es como tener un alambre de púas enroscado en el brazo: si bien está clavado y enterrado, es debido a eso que no se siente el dolor. Y al sacar ese alambre de púas, todos los huecos quedan expuestos a la sensibilidad del ambiente. Una vez que cada uno sana, a nadie jamás se le cruzaría por la cabeza volver a enroscar el alambre de púas sobre aquellas cicatrices.

Claro que es una metáfora. En la práctica sí lo haría. Me refiero al daño físico.
Sucede que todo esto vuelvo al principio. Se reinician mis contadores y sé que eso no es bueno.
Me retuerzo, mi cuerpo tiembla. Hace más de una hora que lloro a gritos, pero ya no sé por qué. Creo que lloro por todo el daño que quiero pero no puedo hacerme. Y mis manos se baten frenéticas frente a mí, ante la impotencia.
Intento pedir ayuda. Sé que la tuve todos estos últimos días, afortunadamente, pero en el inmediato de mi situación, estoy sola.


Desearía poder ahogarme en mi propio llanto.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

Huracán

29 agosto, 2017

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Pasaron cuatro meses.
Cuatro desde que escribí la última entrada.
Cuatro desde que intenté una vez más correr en línea recta, huyendo, pretendiendo alcanzar la salida sin que nada me retuviera.
Y no fue así. Me retuvieron.
No sé decir si fue una suerte que lo hicieran. Tal vez en el momento lo haya sido, de hecho tal vez hoy lo vea como tal, pero nada me asegura que mañana no lo vuelva a sentir como una desgracia.
Tomar conciencia de tus enfermedades siempre es bueno. Saber lo que fuiste, lo que sos y lo que podés llegar a ser, es esencial. Sé qué puedo llegar a ser. Y sé que muchas personas no quieren que sea como yo a veces quiero.
Pasar por todo esto me ayudó a ver muchas cosas. El apoyo, la indiferencia; la situación se tornó en una dicotomía. Lo que no puedo negar es que fue como llamar a un plomero, y que saque (de todos lados) litros y litros de mierda estancada. Logré, entonces, parte de la liberación que buscaba.
Si hay algo peor que matarse, es intentarlo y que no te salga.
Ya que procuré desahogar por acá mis intenciones antes de intentarlo, tal vez deba plasmar del mismo modo los resultados de mi conchudismo. Y sí, es que por conchuda me pasa todo lo que me pasa y me hago todo lo que me hago.

16 de Mayo:
Como venía buscándolo, la noche del 16 logré agotar por completo la paciencia de una de las personas que más necesitaba. Hablando con el psiquiatra hace poco, tratamos la idea de que tal vez yo buscaba que él resistiera, que hiciera todo lo que no hizo, que me demuestre que yo no tenía razón al pensar que ya era tarde y que ya nadie podía hacer nada por mí.
Pero bueno, él es humano, y yo soy muy forra.
Nadie te enseña a tratar con depresivos, mucho menos con suicidas.
La cuestión es que esa noche decidió cortar conmigo, porque el día anterior se enteró de que me estaba lastimando. Lo suyo fue una mezcla de impotencia y bronca; lo primero por no poder haber hecho nada, y lo segundo, porque creía que no era suficiente como para poder hacerlo, que nunca iba a poder ayudarme. Pero lo cierto y justo es aclarar que yo no dejé que nadie me ayudara. Quería que lo hicieran, pero no los dejaba. Es el comportamiento enfermo de las personas que sufrimos.
Ya con él lejos, estaba todo listo. Agoté mis posibilidades de ayuda, puesto que ya no le hablaba ni a mi mejor amigo (a ninguno de ellos, de hecho), estaba lejos de mi familia, ya estaba lista. Había pensado en ello toda la semana, y ya sabía cuáles eran mis opciones: la primera, era colgarme de la puerta de chapa, no llevaría mucho tiempo y tardarían en encontrarme (decidí optar por otra cosa, principalmente por el miedo de que no soportara mi peso, además de que no quería dejar el lugar marcado con esa suerte de historia), la otra era cortarme y listo (por lo mismo que la anterior decidí descartarla, a la gente le impresiona más que alguien se mate por ahorcamiento o cortándose que de cualquier otro modo), pero a fin de cuentas decidí optar por la intoxicación.
Tenía todos los medicamentos que tomaba cuando iba al psiquiatra, prácticamente estaban nuevos, ya que dejé de forma repentina el tratamiento. Así que, para asegurarme de que no haya probabilidades de salvarme de esa, busqué todo lo que conllevaría una sobredosis de fluoxetina, y me tragué a puñados unas cuantas pastillas.
Eran 46.
Ya había pasado una media hora de que las había tomado, y mi mejor amigo (al que no le hablaba, que en ese momento vivía en el departamento del piso de arriba) bajó a golpearme la puerta, se ve que notó que algo iba mal. No le atendí, pero después me puse a pensar. Decidí subir a su casa, y hacer como si no pasara nada, actuar como una imbécil para que se enojara conmigo (mi cabeza conchuda cree que con el enojo la gente va a sentir menos tristeza). Hablamos, y se dio cuenta de que no estaba bien. Las pastillas empezaba a hacer efecto, se me iba la vista, estaba aletargada.
No sé qué me estaba diciendo, y le contesté "No importa, total ya es tarde". Y bueno, después de un rato logró hacerme escupir lo que hice; le dije que había tomado las pastillas y empezó a temblar. Tocaron la puerta de su departamento y corrió a abrir, su amigo Lucio (estudiante de enfermería) apareció como si hubiese sido todo planeado.
Me dijo que si no vomitaba se veía obligado a llamar a una ambulancia, y después de una media hora de forcejeo, me hicieron vomitar. Todo se desmoronó.
Todo calló.

17 de Mayo:
Era medianoche y Gaby me abrazaba, temblando me decía "vos no me vas a dejar, no te vas a ir, no me vas a dejar". Fueron los primeros asomos de culpa y responsabilidad que me golpearon la cara. No podía estar haciéndole esto a él, y sin embargo, lo hice.
Él llamó a Lucas, y le dijo lo que había hecho, le dijo también que debería venir. Pero era obvio que él no iba a hacerlo, ¿para qué? Si ya había terminado conmigo, ya era un caso perdido. Tuvo el atisbo de escribirme para preguntarme por qué lo había hecho, e intentar decirme que yo era una persona valiosa para el mundo, etc. Está claro que siendo que te tomaste casi 50 pastillas, te chupa un solemne huevo suicida qué tan "útil para la humanidad" te ve la persona que amas pero que te acababa de cortar, así que lo mandé a cagar al pobre, diciéndole que si no hablaba conmigo como pareja, que se vaya a freír churros.
Gaby no me dejó irme a casa. Intentó hacerme comer pero me dolía demasiado todo. Lucio me recomendó dormir, y cuando me acosté me advirtió que si no tenía la cabeza angulada con algo de altura, podía darme un infarto. Es obvio que después de que se fueran me saqué todas las almohadas y me dormí así. Morirte de un paro cardíaco mientras dormís es el sueño de todo suicida; y en mi caso, mi última esperanza.
Eran las 5 de la mañana y me sentía para el orto, así que me escapé practicamente de la casa de Gabriel, y bajé a dormir en la mía. Me desperté a la mañana siguiente, sintiéndome todavía para el ojete, y en ese momento de reflexión mi cerebro ablandó mi conchudismo haciéndolo vapor. Me sentía estúpida, me sentía horriblemente idiota. Sólo veía imágenes de Lucas y mías compartiendo todo lo que habíamos compartido, haciendo todo lo que hicimos, y viviendo todo lo que aún no habíamos vivido. Y me desmoroné.
Le hablé. Le rogué. Le juré que había comprendido que el problema era yo, y que iba a hacer todo lo posible por curarme, por estar bien para que estemos bien. Y después de caer lo más bajo que pude por alguien que amo, decidió darme otra oportunidad. Un ancla menos que llevar al hombro, un puñal menos en el estómago, una de las pocas cosas buenas de mi vida recuperada luego de haberla tirado yo misma a la basura.
Esa noche fue terrible. Había pasado todo el día temblando sola en mi cama, pero cada vez se hacía peor, cada vez temblaba más fuerte. Gaby y Lucio vinieron a casa, y éste último me revisó. Tenía el pulso muy bajo y por la manera en que temblaba, me quiso llevar a la guardia. Le tomó un rato convencerme, puesto a que ya sé cómo nos tratan a las personas estúpidas que no valoramos la vida, en el lugar donde luchan a diario por cuidarla. Pero terminamos yendo.
A la enfermera que me atendió se le cayeron los calzones cuando Lucio le explicó por mí lo que pasó. Me pasaron dos sueros y con cocktail de cosas para tratar de calmar mis temblores. Estaba deshidratada, y tenía en plena flor las secuelas de los medicamentos. Me dijo que el protocolo la obligaba a internarme, a llamar a un mayor y al psiquiatra. Pero claro, yo no quería eso. No le había dicho absolutamente nada a mi familia.
Firmé el alta voluntaria, y después de 3 horas de horror en ese lugar, me fui a casa.

18 de Mayo:
Desperté a la mañana, me bañé y viajé a casa de mis viejos. Al llegar le conté (esperando comerme una terrible cagada a palos) a mi vieja lo que había hecho, por qué lo hice, y demás. Para mi sorpresa, reaccionó calmada (aunque no lo estaba), y me ayudó mucho. Se dio cuenta de que lo que yo más necesitaba era hablar, y a eso me dediqué desde que lo hablamos. Ese mismo día se enteraron mis hermanos y mi papá también. Fue entonces cuando las cañerías de mierda líquida se empezaron a destapar.

Hasta acá llego por hoy, porque me duelen los dedos y ya no quiero pensar más en esto.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

Eran 46

16 mayo, 2017

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El plan A fue un éxito. Hola plan B

Time to Pretend

15 mayo, 2017

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Todo sigue igual. No me sorprende.
Estoy transformando ciertas cosas en un ritual, y tal vez eso no esté mal. Como ya lo dije antes, voy a hacer todo para mantener el circo. ¿Mi papel? Payaso, el del fondo. Nadie va a notar nada, por la distancia, el maquillaje y el traje, nadie ve nada. Todo se oculta fácil.
En silencio desaparezco, me hundo, casi toco fondo.
Preparo mis alternativas de forma meticulosa: de qué manera, cuándo, cómo, qué tanto, despedidas o no. Todo va a estar bien. Hay cosas que simplemente están destinadas a ser.
Pero por primera vez en mi vida no necesito ayuda, puedo yo sola. Así debería haber sido siempre. Ahora puedo pensar en mí, como todos querían que hiciera. Pienso en mí y en lo que quiero, y como lo quiero, lo hago. Porque me quiero, lo hago.
Nadie puede decirme qué está bien y qué está mal.
La marcha de mis planes A y B va a paso lento, pero avanza. Yo sólo miro desde el fondo del show. Miro sus acciones, sus reacciones, sus caras; observo tranquila cómo ven una obra que tuvo principio y tiene un final, el cual decido yo.
¿Qué creen que pueden hacer por mí?
Ya es medio tarde para pensar en eso.
Espero que en esta etapa comiencen a irse, así no sienten que los malos fueron ellos. Ojalá evacuen cuanto antes, así no sienten nada. Dicen por ahí que "ojos que no ven, corazón que no siente", que no sientan, total nunca vieron nada en realidad.
Así, mientras yo me desintegro, todos siguen. De paso me reemplazan con tiempo, o me olvidan más rápido. Es más fácil desapegarse de algo a lo que odiamos; ojalá me odien entonces.
De este modo, cuando todo termine, que van a sentir eso que siente un pájaro al ser liberado de su jaula. Quiero que todos vuelen libres, lejos mío. Y espero que para esto ayude mi trato seco, que los canse hasta el hartazgo.
Muchos ya están encaminados, ya tomaron sus propias decisiones y me parece perfecto. Déjenme pudrirme sola. Yo no quiero que nadie junte mis pedazos. Ya no lo necesito más.
¿Por qué forzar a alguien a hacer lo que no quiere, o lo que no puede?
No lo hago con ustedes, no lo hagan conmigo.
Se siente frío en todos lados. Ya estoy marchita.
Tal vez es hora de que busquen a una Carol nueva, y de eliminar a la vieja. Ya puse mis manos en eso, mientras decido las cosas voy calmándome a mi manera.
Todo va a estar bien. Total, estando bien siempre estuvo mal.

                                                                                                                                                                                                         Carol~

No es enojo, sólo es tarde

13 mayo, 2017

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Casi lo suelto. Por dos segundos creí que él debería saberlo. Pero no. Él no podría entenderlo.
Así que no lo solté.
Mis piernas temblaban, pero no era frío. Seguro era la culpa, porque es aquí donde comienza. Tenía la escena del crimen justo debajo del pantalón.
Es así como se inicia esta gran mentira que voy a disfrazar de verdad.
Me van a tener como siempre me quisieron. No pienso quejarme de nada, no pienso decir más nada. Esta fue la instancia final de algo a lo que no creo volver por voluntad propia.
Me preguntó qué me pasaba, pero tal vez haya sido tarde para responderle eso. No importó en el momento, no importó antes y ya no importa ahora.
Será que tendrán que aprender a verme, como creen que hacen, pero esta vez en serio. A leerme cuando no puedo hablarles. Incluso apuesto a que si leyeran este estúpido blog, todo sería distinto.
Pero bueno. Aprendí que no puedo ni debo decirle a la gente las cosas que tienen que hacer, porque por más que lo haga, y se los diga con detalle, van a hacer siempre lo que les queda cómodo.
Tal vez debiste haber dejado el teléfono con volumen, y haberte dado cuenta. Hacía unos días que veníamos hablando poco, y de la nada te pedí perdón y te llamé. Tal vez, si hubieses atendido…
O quizás si al día siguiente te preocupabas por ello, ya que nunca te llamo. O si te alarmabas por lo cortante que respondía, luego de haberte dicho que no estaba bien. Puede ser que hayas podido hacer algo de haber notado al menos una de todas estas cosas.
Podrías haberme detenido de presionar el botón que, ahora, ya encendí.


Carol~

Lo hice de nuevo

12 mayo, 2017

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Lo hice de nuevo.
Y no me arrepiento.
Me detuve para que el daño no sea tan severo. Más que por mí, por ellos.
No pienso decirlo de hecho, pero sé que se van a enterar. No creo que ahora, tal vez en semanas o en meses. Por accidente.
Pero la cosa es que lo hice de nuevo.
Lo necesitaba y tal vez lo siga haciendo; más que por ellos, por mí.
Y cuando se enteren, si es que lo hacen, les voy a mentir de nuevo. Les miento todos los días, pero les voy a mentir más. Seguro les digo que no lo voy a hacer de nuevo y todo eso.
Pero sé que no se van a sentir mal, de todas formas saben que es cosa mía y que si nunca cambié, no voy a cambiar. Además poco les va a importar.
Bueno, poco les importó siempre. Seguro porque no lo toman como algo serio. Deben creer que sólo quiero molestar.
Por eso de mí no se van a enterar.
Creo que miento muy bien, nadie se dió cuenta de que todo estaba tan mal. Mentir también es callar.
Me siento bastante mal, pero ya no soy una bomba a punto de explotar. Eso ya pasó. Ya exploté.
Comer una sola cosa al día también me hace bien. Mis intestinos duelen, se retuercen por cada bocado. Y ahí miento de nuevo, comiendo normalmente para vomitarlo a solas después.
Pero tranquilos, todo está bien. A esto nadie lo va a leer. Es mi pequeña última excusa, para decir que yo sí dije lo que intenté pero realmente no digo.
Volvamos otra vez, desde cero. Voy a llenar de tierra todas mis relaciones profundas, dejaré todo superficial. Así es como al parecer siempre debí hacer las cosas.
Pero hay otra cosa que volví a hacer también: les falle de nuevo. Pero bueno, todos faltan a sus promesas, ¿por qué yo sería la excepción?
A fin de cuentas ni en mi propia historia soy protagonista. Sólo soy relleno.


Carol~

Henos aquí

30 marzo, 2017

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Bueno, ahora va una pequeña historia, algo loca si la veo ahora desde mi posición actual. Comencemos diciendo que hace muchos años que escribo torpes poesías. La mayoría (como todos los que suelen escribirlas) tienden a virar en lo melancólico, triste o romántico. Dicho sea el caso de este torpe intento de poesía a la cual quise mucho en su momento. Ahí va:

Estas mal, estoy mal
¿No te cansa estar mal?
Y pretender que todo vuele
tal como los segundos pasan a horas,
y las horas se pierden en la nada del todo.
Y ves caer todo aquello que construiste,
toda una semana de pleno esmero
para caer fácilmente de nuevo.
¿Solo yo me canso de estar mal?
Y dar todo de mí sin dudar ni chistar
esperando una sonrisa de vuelta, solo eso,
reprimiendo todo para mostrarte lo más lindo de mí.
Pero es obvio que ya a esta altura no resistas,
si yo misma te quité todas tus fuerzas
¿No te cansaste de mí aun?
¿Qué hay si te digo que yo sí?
¿No es injusto que lo guarde por ti?
Si tú lo que te duele lo lloras y lo gritas
es injusto que yo lo calle y no solo no lo veas,
sino, que además creas que mis días son de maravilla.
Que te diga que la pasé bien no significa perfección,
la paso bien cuando en verdad busco estarlo,
cuando llevo fuerzas prendidas a flor de piel.
¿Y aún no te cansas de estar mal?
¿No te consume al completo?
¿A caso no te duele el ahora?
¿No lloraste suficiente?
Tristemente, yo sí.
Yo sí…

Bueno, ¿cuál fue la particularidad de esta poesía? En principio, me abrazó mucho cuando lo necesité, y también, aunque no parezca, trabajé en su estética.  Al ponerla de lado es como un pico montañoso que va aumentando su tamaño a medida que llega al final. Para Carol de 2014, fue hermoso.
Fue luego de unos meses, en 2015, cuando intercambiando escritos con un amigo, recibí una respuesta en poesía de su parte. Es ésta: 

                                    Quiero verte Sonreír

Yo sí me he cansado de estar mal.
Por lo que decidí pasar lo malo por alto y sonreír.
Escapando de la tristeza, de en sus manos la frialdad.
Y tú, que me preguntas qué espero de ti.

Sencillo.
Quiero verte sonreír.
Te veo pasar por el rabillo de mi ojo,
el reflejo de un pasado que viene hacia mí.

Dices que nadie te quiere,
pero yo no te creo.
Es tu voz, el quebradizo cristal de la tristeza,
lo único que me hiere.

¿Qué es lo que espero de ti?
Chica de voz crujiente, quiero verte sonreír.
Así que te hago esta pregunta,
esperando que, algún día, tú me la hagas a mí.

¿Quieres que te haga feliz?

Dices que quieres ir lento.
Pero yo no sé lo que quiere decir eso.
Porque mi reloj se mueve junto con el paso de los años.
Aunque, por ti, puedo ajustarlo para ir al ritmo de los minutos.

¿Qué es lo que espero de ti?
Chica de ojos melancólicos, quiero verte sonreír.
Así que te hago esta pregunta,
esperando que, algún día, tú me la hagas a mí.

¿Puedo hacerte feliz?

Bueno. Traté de no tomarme esta respuesta a mi poema como algo personal. Simplemente nunca fui de atribuirme nada, ni aunque sonase muy cercano. Mi temor a sentirme idiota tras suponer algo que no es me ha perseguido siempre, así que mejor prevenir que avergonzar, ¿no?
La cuestión es, que yo prometí ese 2015 darle una respuesta, la cual escribí pero nunca le hice llegar. Hace un rato la busqué en mi viejo cuaderno esperando terminarla, y la encontré lista. De hecho, siendo que en ese entonces no lo conocía a él tanto como lo hago ahora, me sorprende un poco de mí misma. Qué nena perceptiva. En fin, acá está mi respuesta (no tanto referido al poema en sí, sino a él como persona):

He conocido al Hombre Luz
A pesar de ser pequeño,
es un hombre al fin.
Lo dicen sus ojos,
lo confirma su perfil.

En él se ve la furia de los mares,
y la calma de la noche.
Refleja aire de tristeza, no propia;
demuestra coraje, a veces inventado.

El pequeño hombre no sabe de su luz,
lo intuye, pero no lo nota.
Él teme de su pequeñez, la suele confundir
con una inevitable soledad innata.

Su peor miedo: la nimiedad,
tiende a desvelarlo sin piedad.
Pues por más que aún no crezca,
él quiere verse grande en verdad.

Teme perder lo que no tiene,
desesperándose por ganar lo que ya es suyo.
Pero es que es hombre por su firmeza,
y pequeño por sus carencias.

Pequeño hombre luz,
si es que existe un dios siquiera,
ojalá que mañana puedas
superar su omnipotencia.

Algún día serás gigante,
más que cualquier otro.
Llegarás donde quieras,
sólo con tu luz y tu fuerza.

Y aquí estamos, después de los años. Hace unos meses le hice la misma pregunta que él hizo en su poema (que insisto, tal vez no era para mí). Llevamos seis meses de novios, ¿qué hubiese sido de nosotros de expresarnos así antes? Tal vez con más exactitud, menos rodeos literarios. Pero bueno, a fin de cuentas, henos aquí. 

PD: Por alguna particularidad del drogadicto Blogger, no me deja (por más que intente) agrandar el tamaño de la letra de los poemas. Qué se le va a hacer.

Carol~