Si bien hace menos de un mes que escribí la última entrada, pasaron tantas, pero tantas cosas.
En sí creo necesitar escribir esto, más que por el contenido textual, por el contenido emocional de los últimos días. Abrí el blog encaprichada en escribir sobre una pequeña pelea con una amiga, pero decido dejarlo para la entrada que sigue, o no escribirlo directamente.
¿Por dónde empezar?
Mejor lo hacemos un toque cronológico.
26/01
Se decidió a escribirme. Me dijo ese mismo día lo que cité en la entrada anterior y, entre otras cosas, lo siguiente:
"[...] Todavía se me hace impensable estar con otra persona porque siento que te estoy traicionando. Y de mi parte también me pasa lo mismo. [...] Y si acepté que siguiéramos manteniendo el contacto, no te parece que es porque te necesito? No te quiero de vuelta como pareja, al menos no ahora, pero como persona te quiero cerca, te necesito cerca."
Me da bronca de sólo leerlo.
30/01
No más a un día de escribir la última entrada, el mundo, mi autoestima, mis emociones, todo dio un vuelco de 180º. Resumiendo, estaba hecha una verdadera piltrafa, y gracias al sexto sentido que heredé de mi madre (hablando luego con mi hermano, me enteré que él también lo tiene) pude incinerar la venda que cubría mis imbéciles ojos.
Me detengo un toque en el sexto sentido para explicarlo un poco. Plasmándolo, es una duda. Una duda tan grande que se manifiesta en tu cuerpo, como un fuego que quema en la boca del estómago, y te aplasta el pecho como un yunque. Esa sensación, la había sentido antes, por ahí a fines de 2014 (a solo una hora de ver cómo mi, en ese entonces novio, hablaba en Skype con más de 6 muchachas y no precisamente de pasajes bíblicos), y no me había fallado.
Entonces, con esa ferviente duda que se había despertado dentro mío, decidí hacer lo que la gente en realidad no debería hacer. Invadí su privacidad como nunca lo había hecho. Porque sí, si bien tenía las herramientas a mi disposición, no había necesidad. Pero bueno, soy un animal de instintos. Y mi instinto dictó bien.
Antes de continuar, vamos a dar el panorama que necesito para llegar a mi punto.
Les presento a mi ex: un hombre simple (casi que podría decirse básico), introvertido a conveniencia, de egoísmo y egolatría importantes, al cual no hay cosa peor que le puedas hacer, más que "la traición". Bueno, él al igual que yo, gozó de una rica y larga relación a distancia con unapelotudachica de San Juan, a la cual dejó por mí. No, de verdad. La dejó y al cabo de unos días ya estaba saliendo conmigo. Cuestión que por diversas charlas y situaciones confusas, le había pedido hace tiempo que la borrara de su vida, y tras más de 4 meses de discusiones al respecto, lo hizo.
Cuestión, que encontré la conversación con su ex: "voy a vivir solo", "te extrañé", "extrañaba tus nudes", precios de pasaje, típicas charlas de garchiamigos. En primera instancia me desarmó. Comenzaron a hablar desde el día siguiente a que termináramos. El hecho de que le haya dicho que la extrañó significó que lo hizo mientras estaba conmigo. Así que pues, bien.
Respiré hondo, maquiné qué iba a hacer con esa información.
Y ahí, todo encajó.
Las piezas se alinearon en mi cabeza, y todo lo que me había dolido hasta hace a penas el día anterior, simplemente dejó de hacerme mal.
No había sido mi culpa. Yo no estaba actuando mal. No soy una mala persona.
"Todo lo que hacés últimamente es herirme." me dijo antes de terminar. Y se lo creí. Sabía que había sido dura con él, y decidí responsabilizarme por todo. Estuvo para el orto, claro.
Que le vuelva a escribir me hizo caer en que las palabras de este pibe valen menos que moneda de un centavo. La ex a la que él volvió, lo "traicionó" como a él tanto le molestaba, más de una vez. Si yo lo hubiese hecho, no me habría perdonado. Pero bueno, por la chota interés baila el mono.
De la nada ya lo tenía claro. No iba a perder más tiempo con esto, tenía que avanzar, seguir adelante y vivir la vida que había querido todo esos últimos meses de relación marchita.
Le escribí pidiéndole que venga a mi casa a devolverme todo lo que le dí, y después de una buena argumentación (sin exponer que el hecho principal era hablar de mi descubrimiento cara a cara), accedió a venir.
Deben haber sido al menos dos horas, donde le dije todo lo que la formalidad de la relación y las ganas de no herir al otro no me permitían. Solté todo, y sé bien que lo desangré de un modo u otro. Fui egoísta, y me lo debía, al menos por una vez en mi puta vida.
Lo despedí con una cachetada, un portazo, y al irse brindé conmigo misma.
Fue hermoso."Let's raise a glass or two
To all the things I lost on you" - LP
¿Por herirlo? No.
Porque primera vez en mi vida, me defendí. Y me amé por eso.
Gracias a todo esto, de hecho, hoy me amo un poquito más.
01/02 - 11/02
Voy a juntar todos estos días, porque quiero ser lo más breve y concisa al respecto. En esos diez hermosos días, viví tantas cosas preciosas. Compartí lo que hasta hace poco creía imposible, y restauré la parte de mí que creía perdida.Comencé a hablarme con más gente, mis amigos se hicieron tan presentes como totems de la buena fortuna. Y la llegada de él a mi vida, fue algo insuperable. Con su sonrisa y su luz me dio vida de nuevo, me llenó de esperanzas. Hizo que todos mis problemas con Lucas quedaran ahogados en un baúl que ahora parece del siglo V.
Y ahora lo extraño tanto...
Tal vez lo que mejor explique todo, es el cuento de la vaquita:
" Había una vez un sabio y su discípulo. Cierto día, en su caminata, vieron a lo lejos una cabaña. Al acercarse, notaron que, a pesar de la extrema pobreza del lugar, la casita estaba habitada. En aquella zona desolada sin plantas ni árboles, vivía un hombre, una mujer, sus tres pequeños hijos y una vaquita flaca y cansada. Con hambre y sed el sabio y su discípulo pidieron abrigo por unas horas y fueron bien recibidos.En cierto momento, mientras comía, el sabio preguntó:- Este es un lugar muy pobre, lejos de todo. ¿Cómo sobreviven?- ¿Usted ve aquella vaca? De ella sacamos todo nuestro sustento.- dijo el jefe de la familia.El sabio agradeció la hospitalidad y partió. Ni bien hizo la primera curva en el camino dijo al discípulo:- Vuelva, agarre a la vaquita, llévela al precipicio de allí adelante y tírela hacia abajo.El discípulo no lo creyó.- ¡No puedo hacer eso, maestro! ¿Cómo puede ser tan ingrato? La vaquita es todo lo que ellos tienen. Si la tiro al precipicio, no tendrán como sobrevivir. ¡Sin la vaca, se mueren!.El sabio, como todos los sabios chinos, apenas respiró hondo y repitió la orden:- Vaya y empuje a la vaca en el precipicio.Indignado, pero, resignado, el discípulo volvió a la cabaña y, suavemente, condujo al animal hasta el borde del abismo y lo empujó. La vaca, como era previsto, se estrelló allí abajo.Pasaron algunos años y durante ese tiempo el remordimiento nunca abandonó al discípulo. En un cierto día de primavera, carcomido por la culpa, abandonó al sabio y decidió volver a aquel lugar. Quería ver qué era lo que había sucedido con aquella familia, ayudarla, pedirle disculpas, reparar su error de alguna manera. Al doblar por el camino, no creyó lo que sus ojos vieron. En el lugar de la cabaña desierta había un lugar maravilloso, con muchos árboles, piscina, un auto importado en el garaje, una antena parabólica. Cerca de la parrilla, había tres adolescentes robustos, celebrando con su padre el primer millón de dólares ganado. El corazón del discípulo se congeló. ¿Qué le había sucedido a esa familia? Seguro que, vencidos por el hambre, fueron obligados a vender el terreno e ir a otro lado. En ese momento, pensó el aprendiz, deben estar mendigando en alguna ciudad. Se acercó, entonces, al casero y le preguntó si sabía el paradero de la familia que había vivido allí hacía algunos años.- Claro que sé. Usted la está mirando.- dijo el casero, apuntando a las personas alrededor de la parrilla.Incrédulo, el discípulo pasó el portón, dio algunos pasos y, llegando cerca de la piscina, reconoció al mismo hombre de antes, sólo que más fuerte y altivo, la mujer más feliz, los chicos, que se habían convertido en saludables adolescentes. Espantado, se dirigió al hombre y le dijo:- Pero ¿Qué sucedió? Yo estuve aquí con mi maestro hace un año y este era un lugar miserable, no había nada. ¿Qué hizo para mejorar tanto su vida en tan poco tiempo?.El hombre miró al discípulo, sonrió y respondió:- Teníamos una vaquita, de la que sacábamos nuestro sustento. Era todo lo que teníamos. Pero, un día, se cayó en el precipicio y murió. Para sobrevivir, tuvimos que hacer otras cosas, desarrollar habilidades que ni sabíamos que teníamos. Y fue así, buscando nuevas soluciones, que hoy estamos mucho mejor que antes."
Yo tiré a la condenada vaquita por el precipicio, que vendría a ser mi ex
Estuve feliz todos estos días, no sé por qué se me olvidó esta tarde.
Ah, sí. Me acordé. La pelea pelotuda.
Que se jodan todos, ya no quiero estar mal, y mucho menos ahora que tengo motivos de sobra para estar feliz ♥
Carol~
